lunes, 21 de abril de 2008

Cuento: El seminarista Erwin Domínguez

Bueno, el arte muchas veces opera de forma milagrosa y se posa en los ojos, en la mente, en las manos de muchos artistas.

Igual, a nosotros nos gusta pensar que es el artista con su esfuerzo y su talento personal el que gesta una obra, sin intervenciones divinas de ningún orden.


Aunque sí, muchas veces, sirven toda clase de divinidades para favorecer la inspiración. Pero este no es el motivo ni el vehículo de esta historia.
Aquí hay un poco de humor sardónico y mucho de fantasía.
No está mal despertar un día y poder cantar como los dioses.

Quien no ha soñado con eso. Este es el relato: